Se levanta muy de mañana, descansa un poco sobre la cama con las sabanas acariciando el suelo, la ventana entreabierta deja pasar el suspiro de una mañana a través de musicales sonidos…
Ella sigue recostada, soñando en los decadentes minutos de un sueño que debe terminar, no quiere que se le escape de la mano…
Los rayos de luz, comienzan a despertar y entre sus bostezos, van descubriendo la zona de grandes batallas, cabello largo, color negro que le llega hasta el éxtasis, piel canela, suave y a la vez rugosa por las grandes horas al lado de la hoguera.
Sus sueños poco a poco se diluyen con cada rayo de luz, sabe que hoy no fue un día normal, lo sabe perfectamente.
Hoy se descubre así misma, con el alma al de borde su ser, avanza a paso firme, se despide de pesares, va llegando a su destino…
Hoy mi pobre cocinera, va… va… va…
miércoles, septiembre 12, 2007
La cocinera
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